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El duelo en niños: infancia y la adolescencia

El duelo con niños



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¿Qué factores hay que tener en cuenta a la hora de abordarlo?

Tenemos que partir de una base, y es que elaborar un duelo no significa olvidar a la persona querida, si no aprender a vivir sin ella, recordándola sin dolor centrándonos en nuestra vida presente, sin quedar anclados en el pasado.

Los niños y adolescentes sufren el impacto de la perdida de manera diferente, por lo que es muy importante la forma en la que los adultos de los que dependen elaboren el duelo. Desde nuestra consulta enseñamos a los adultos a elaborar su propio duelo y a que ayuden a los más pequeños a elaborar el suyo. Por ejemplo, es muy importante que los niños mantengan sus hábitos, costumbres y horarios, de forma que no sientan que el mundo entero se desmorona ante ellos. Es importante mantener un cierto orden dentro de la confusión, por lo que hay que desechar ciertos mitos que poseen los adultos y que no ayudan nada.

Mitos como que: “Menos mal que es demasiado pequeño para entender lo que pasa”, o, “Preferimos no hablar de la muerte delante del niño, cuando estamos mal nos vamos a otra habitación, así le ahorramos sufrimiento”.

La realidad es que tanto los niños como los adolescentes son más conscientes de la pérdida y de la muerte de lo que muchos adultos imaginan. Captan todo lo que sucede a su alrededor, aunque no siempre lo expresen con palabras. En ocasiones, son síntomas o conductas distintas de las habituales. De todo lo anterior podemos extraer que la forma de elaborar el duelo depende del período evolutivo en el que se encuentre el niño o adolescente y de cómo el entorno familiar y social responde a la pérdida.

La conducta de protegerles del dolor puede ser vivida por ellos como abandono o como una forma de no tenerles en cuenta y dejarlos apartados.

¿Cómo hay que afrontarlo?

El concepto de muerte es distinto dependiendo de la etapa evolutiva en la que se encuentre el niño. Los cambios que va sufriendo son:

Bebés

Los bebés no tiene desarrollada la capacidad del lenguaje ni de reflexión, pero sí sienten la ausencia de la persona fallecida, sobre todo si se trata de la madre. Se dan cuentan de los cambios en su entorno y sus rutinas como consecuencia del fallecimiento y son sensibles a la tensión y estado de ánimo negativo que puedan experimentar sus cuidadores.

Algunas de las cosas que se pueden hacer con el bebé son: Mantener sus horarios, la misma casa, con la menor cantidad de gente cuidándolo y darle mucho cariño.

Deambuladores 2-5 años

La muerte es una palabra, sin comprensión cognitiva, la perciben como una ausencia. Los niños entre estas edades tienden a volver a las etapas de bebé porque les ofrece más seguridad, suele ser su manera de enfrentarse a el duelo:es normal que mojen la cama, que lloren, que tengan más apego con alguien y que enfermen más de lo habitual. Lo que se puede hacer es:

  • Ser sincero. Decirle al niño qué causó la muerte de la otra persona.
  • Responder preguntas teniendo en cuenta que no todas las dudas aparecerán al mismo tiempo.
  • Explicarle qué es la muerte y qué sentimientos podrá tener a partir de ese momento.
  • Dar a entender que está bien llorar y jugar.
  • Si lo desea, hacerle partícipe de la preparación del funeral.

6 – 9 años

Hasta este momento la muerte está llena de fantasías y de pensamientos mágicos. Por ejemplo, hay niños que pueden creer que simplemente con el deseo de que la otra persona vuelva, le devolverá la vida. Este tipo de pensamientos implica que el hecho de que como no vuelve, se sienta culpable.

Este pensamiento mágico puede incrementar su sufrimiento y el desorden del mundo tal y como lo percibe. A partir de edad es cuando los niños comienzan a asimilar la forma en que ciertos acontecimientos o enfermedades pueden provocar la muerte de un ser querido y que ésta es irreversible. Es a partir de entonces cuando comienzan a cuestionarse si es posible la muerte de las personas próximas a ellos.

  • Comienzan a utilizar términos biológicos para referirse a la muerte: no hay pulso, no respira.
  • Miedo a que puedan morir su otro padre o madre. Se preocupan mucho de que se cuide y no haga cosas “peligrosas” o se enferme.
  • Hacia los 8 ó 9 años comprenden que ellos también se pueden morir.
  • Les interesan las ceremonias, las creencias y los rituales funerarios, pueden mostrar el deseo de participar en ellos.
  • Hacia los 8 años un niño puede participar en las ceremonias de despedida si quiere, siempre y cuando se le acompañe siendo necesario explicarle con antelación en qué consisten.

10 – 12 años

Es a partir de esta edad cuando comienzan a ser conscientes de su propia muerte así como de la de las personas que les rodean. Hay que tener mucho cuidado con las explicaciones que se les dan a los niños sobre las causas de la muerte, ya que estos las toman de forma literal. Por ejemplo, decir a un niño que papá se durmió para siempre, puede generar que tenga miedo a dormirse. Otro concepto a evitar es el de “viaje”, ya que si les decimos que la persona fallecida ha salido de viaje, estará esperando a que vuelva o tendrá miedo ante cualquier viaje por temor a no volver.

  • Suelen tener dificultad para expresar lo que sienten y piensan. Debemos respetar su tiempo mostrarse cercanos y accesibles. Transmitirles seguridad sobre su propia vida. Explicarles quien se va a hacer cargo de lo que necesiten.
  • Poner ejemplos de otros niños que han pasado un duelo y lo han superado.
  • Desean conocer más a fondo los ritos funerarios. Es aconsejable que participen en ellos

¿Quién se lo debe decir al menor?

Las personas más cercanas al niño, generalmente el padre o la madre. Independientemente de quién proporcione la noticia es recomendable que el adulto comparta sus emociones con el niño o adolescente y se interese por sus pensamientos y sentimientos en cuanto a lo sucedido. De esta manera entienden que está bien expresar los sentimientos y que no deben ocultarse ni vivirse en secreto, porque aunque duelan, no son sentimientos malos.

¿Cuáles son los temores más frecuentes en el duelo?

Los niños pueden temer que sus familiares o ellos mismos se mueran, es importantísimo darles seguridad a este respecto.

Es esencial escuchar al niño y tener en cuenta sus necesidades, así como darle tiempo para encajar las noticias y los efectos devastadores de la pérdida.

Hay que tener en consideración que los niños no suelen mantener su concentración demasiado tiempo seguido en la misma actividad, lo cual no debe interpretarse como que no sientan dolor, sino que necesitan su tiempo para elaborar la pérdida y que ellos lo hacen de otras maneras, por ejemplo, a través del juego. Concretamente, existe un juego, “Adiós tristeza”, enfocado para niños de 6-18 años con el objetivo de expresar en los niños y adolescentes sus emociones ante una pérdida y que puedan entender las sensaciones asociadas con la misma.

¿Cuáles son las fases por las que pasan los niños?

En mi opinión hay 5 fases claras en la elaboración de un duelo en niños:

1ª Fase: BLOQUEO

Lo que nosotros llamamos estado de shock, el niño parece no reaccionar a la noticia y puede hacer como si no pasase nada, es muy importante aquí no reñir nunca al niño y tampoco presionar con que lo entienda, los niños necesitan su tiempo para asimilar, porque en ese momento no es capaz de asimilar lo que le estamos diciendo, sería adecuado mostrarnos cercanos e ir dando la información poco a poco en diferentes momentos.

2ª Fase: NEGACIÓN

La información es tan dura que el niño no la puede asimilar, “Esto no me está pasando”. En los niños puede preguntar reiteradamente dónde está el difunto, aunque ya le haya dicho que esa persona ha muerto, también puede crear una fantasía (al no entender adecuadamente la definición de la muerte; por lo cual hay reiterar la explicación con claridad: cuando uno muere ya no respira, no come, no se mueve, no duerme, para eliminar la fantasía del dormir o que en algún momento regresará.). Se le puede decir que tienen muchos recuerdos, que podrán pensar en él y que lleva un tiempo aceptar que no va a volver a ver a esa persona.

3ª Fase: EXPLOSIÓN DE EMOCIONES

Es un periodo de desorganización emocional, donde se pasa de la tristeza, a la rabia, pasando por el sentimiento de culpabilidad. En los más pequeños al no ser conscientes de sus emociones es más normal que aparezcan síntomas somáticos como falta de apetito, problemas de sueño, dificultades en la escuela y ello suele ser temporal, hasta que se asimile y culmine todo el proceso.

4ª Fase: ASIMILACIÓN

El niño poco a poco asimila que la persona no está y no va a volver.

5ªFase: RESOLUCIÓN

El niño aprende a vivir sin esa persona, y es capaz de pensar y hablar sobre ella sin sentir un dolor profundo, dándole un hueco en su corazón.

¿Cómo suelen manifestarse normalmente?

Tristeza y depresión

La primera de ellas se manifiesta a través de lágrimas y llantos y es fácil de identificar. La depresión los deja paralizados, apagados, sin saber qué decir. Ante una pérdida los niños también pueden deprimirse y es fundamental acudir cuanto antes al psicólogo

Rabia

Los niños, en este tipo de situaciones, suelen enfadarse y sentir rabia hacia distintas personas:

  • Hacia sus padres: por no haberles avisado de que esa persona estaba gravemente enferma; por no haber cuidado suficientemente a la persona que murió.
  • Hacia otras personas que a su parecer, dañaron a la persona muerta.
  • Hacia la persona fallecida: por abandonarlos, por no cuidarse, por no haberse despedido.
  • Hacia los hermanos y hermanas: por recibir más atención; por recorrer los pasos del duelo en un ritmo diferente; por estar simplemente a mano.

La rabia necesita salir de alguna manera. Es posible que los padres noten conductas que nunca antes había realizado o bien que hacía cuando era más pequeño. Si vemos que persiste en el tiempo también deberíamos acudir al psicólogo que le enseñará a sacar esa rabia y canalizarla de manera más saludable.

Culpa y responsabilidad

Tal y como se ha comentado anteriormente es posible que el niño piense que la culpa de la muerte es suya, tanto por haber hecho algo como por no haberlo hecho. Por ello, es muy importante contarle al niño cuál ha sido el motivo de la muerte y hacerle consciente de que él no es culpable.

Negación y bloqueo

No es extraño que los niños nieguen la muerte y se queden como en estado de shock durante un tiempo, pero si el tiempo se alarga, es fundamental acudir a terapia.

Regresión

Es muy común que ante una pérdida el niño regrese a una etapa anterior. Un momento, lugar o conducta que nos remita a una situación de seguridad. Puede suceder que:

    Los niños que ya caminan son confianza vuelvan al gateo. Algunos mojen su cama.
  • Succionen su pulgar, muerdan sus labios o sus uñas.
  • Vuelvan a utilizar lenguaje de bebé.
  • Necesiten una luz encendida o dejar la puerta abierta de la habitación durante la noche.
  • Deseen dormir en la cama de sus padres.
  • Se aferren a un viejo juguete que ya no esté en uso.

En el colegio

Es muy probable que se produzcan dificultades en la escuela. Es normal que:

  • Tengan baja concentración.
  • Bajen sus calificaciones.
  • Intensifiquen la relación con los amigos o tiendan al aislamiento.
  • Es importante avisar al profesor de lo sucedido.

¿Cuándo podemos pensar que se está complicando el duelo?

Los niños expresan sus emociones utilizando registros diferentes a la palabra: tienden a expresar más su pena con su cuerpo y su comportamiento (somatizaciones y cambios de conducta).

El juego, el dibujo y los cuentos son el medio de expresión natural de los niños.Debemos estar atentos, y si los síntomas se alargan en el tiempo, acudir cuanto antes al psicólogo..

¿Cuando el fallecimiento se produce por enfermedad, ¿podemos ir preparando al niño?

Si, como decíamos es importante contestar a las dudas del niño, tenerle en cuenta, dejarle expresar sentimientos y hacer lo mismo como modelo, ir dando la información poco a poco y en función de la edad del niño y observar su comunicación no verbal, abrazarlo y que nos sienta cercanos.

Los niños tienen derecho a estar tristes aunque nos resulte doloroso.

¿Alguna recomendación?

  • Decirle lo antes posible la noticia por medio de una persona cercana y en la que confíe, a ser posible sus padres.
  • Informar a la escuela cuanto antes para que tomen las medidas oportunas.
  • La explicación que se le dé no tiene por qué darse “de golpe” sino poco a poco.
  • Responder siempre a las preguntas, dudas y observaciones.
  • Decirle la verdad sobre lo sucedido, en función de la capacidad emocional y cognitiva para comprenderla e integrarla.
  • La explicación darla en términos reales, mostrándola como irreversible, definitiva. Utilizar ejemplos naturales que el niño haya visto (un pájaro muerto).
  • Se pueden compartir creencias religiosas con los niños, pero no sin antes haber dado una explicación física de la muerte. Para no confundirles. Los más pequeños no están preparados para comprender conceptos simbólicos.
  • Pueden sentir culpa, debemos asegurarnos de que comprenda que no es responsable de la muerte de su familiar.
  • A los más pequeños, darles seguridad y protección, para prevenir su temor a que otro familiar cercano pueda morir. Tranquilizarles y decirles que nosotros estamos bien y que le vamos a cuidar.
  • Ver si tienen angustia por pensar que olvidarán a la persona muerta. hacerles ver que la muerte no significa olvidarnos de esa persona.
  • Es vital que se compartan recuerdos, historias, fotos de la persona. que estarán en nuestro corazón y en nuestra memoria. Hablar de ella con asiduidad les ayudará enormemente a elaborar su duelo.

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